leer un libro

Hasta el momento hemos dado a entender que tanto el leer como el escuchar pueden considerarse aprendizaje con profesores, y hasta cierto punto es cierto.
Ambas son formas de instrucción y para las dos hay que dominar el arte de recibir enseñanzas. En diversos sentidos, oír una serie de conferencias es como leer un libro, y oír recitar un poema, como leerlo. Muchas de las normas que se
formulan en el presente libro se aplican a tales experiencias. Sin embargo, existe una buena razón para hacer hincapié en situar la lectura en primer lugar y que la escucha ocupe una posición secundaria: que al escuchar se aprende de un
profesor que está presente —de un profesor vivo—, mientras que al leer se aprende de un profesor ausente.
Si se le plantea una pregunta a un profesor vivo, probablemente responderá, y si la respuesta produce confusión, podemos evitarnos la molestia de pensar preguntándole qué quiere decir, pero si le planteamos una pregunta a un libro, es el propio lector quien habrá de contestar. En este sentido, un libro puede compararse con la naturaleza o con el mundo, porque cuando se le hace una pregunta, solo contesta en la medida en que el lector lleve a cabo la tarea de
pensar y analizar por sí mismo.
Extraido del libro "Cómo leer un libro"  de Mortimer Adler